La Parroquia de san José de Ares continúa colaborando con la Cocina Económica de Ferrol: Un grupo de personas de la Parroquia, dirigido por Merchi, sigue llevando alimentos a esta institución ferrolana. Diversas personas depositan con este fin alimentos en la sacristía de la iglesia y cada cierto tiempo se hace un envío a Ferrol. En las fotos siguientes vemos a Merchi y María Eugenia cargando en el coche de la primera los últimos alimentos reunidos para trasladarlos a la Cocina Económica. Desde aquí damos las gracias a todas las personas que están colaborando, entre las que se encuentra también un grupo de veraneantes que quisieron unirse a este proyecto.
lunes, 7 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
sábado, 5 de septiembre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
UN ARTÍCULO INTERESANTE PARA LA REFLEXIÓN

"LA SOLUCIÓN A LOS MALES DE LA IGLESIA: SOTANAS Y MISAS EN LATÍN"
POR JOSÉ ALBERTO BARRERA EN WWW.RELIGIONENLIBERTAD.COM
Le debo este post al lector que, bajo el pseudónimo de Flemming, ha expresado de una manera genial lo que muchos piensan, aunque pocos digan, con las siguientes palabras:
“Ya estamos un poco hartos de echarle las culpas de todo a los "progres" como si todo se arreglara con ponerse una sotana o celebrar la misa en latín”
Aquí, como San Pablo, me voy a poner a sacar mis credenciales de “fariseo”, por si alguno cae en la simpleza de pensar que este post es una diatriba en contra de las sotanas y las misas en latín.
“Yo soy judío, nacido en tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad (Jerusalén); fui educado a los pies de Gamaliel, me eduqué en todo el rigor de la ley de nuestros padres y tenía tanto fervor religioso como vosotros ahora” (Hech 22, 3).
Como “confesaba” en un post anterior, las misas en latín me resultan fascinantes, y sobre la sotana y el traje talar, me formé en unos grupos en lo que se mira con sospecha a quien no lleva clergyman, por lo que nada más natural a mi formación y sensibilidad eclesial que un cura vestido como tal.
Aclarado lo anterior, vamos al tema. Normalmente se achaca la galopante secularización de la sociedad y el preocupante envejecimiento de la Iglesia y de sus fieles, a dos factores: la falta de obediencia, y la falta de fidelidad a la tradición.
Así, resulta que los curas desobedientes y rebeldillos, las guitarras y la “protestantización”, sumados a lo mal que está el mundo, a la pérdida de las tradiciones “de toda la vida” y a ese misterioso designio de Dios que nos está purgando reduciendo nuestros números, explican el por qué de los males que nos afligen.
Desde esta perspectiva, los que se han mantenido fieles y obedientes, estarían libres de estos males endémicos, tendrían vocaciones, florecerían en fieles, en formación y en compromiso de vida cristiana.
No quiero negar el papel de la secularización dentro de la propia Iglesia como factor para la crisis actual. Lo que me resulta cansino, es escuchar una y otra vez un análisis, que si bien tiene elementos de razón, carece del más mínimo sentido de autocrítica y está cargado del fariseísmo de pretender que unos son los buenos, fieles y obedientes, y otros son los díscolos que lo han echado todo a perder.
Mucho me temo que se puede ser ortodoxo, fiel y obediente a Roma, y aún así, permítanme la vulgaridad, no comerse un colín en lo que se refiere a evangelizar y ver conversiones, que al fin y al cabo es de lo que se trata este “negocio “en el que andamos todos metidos por encargo divino, por aquello del “id por todo el mundo y predicad el Evangelio” (Mc 16,15)
Y cuando una iglesia, que doctrinalmente es fiel y segura, y encima obedece y es moralmente irreprochable (o por lo menos así se ve a sí misma), contempla día tras día cómo se le escapan de las manos, a millares, las ovejas a las que tiene que cuidar, el más mínimo de sentido común la tendría que llevar a la autocrítica.
La panacea y el remedio a todos los males, para algunos, será el volver a la más genuina y polvorienta tradición. Frente a la secularización, más pancatolicismo, más sotanas, más latín. Una iglesia que se siente atacada por el mundo, reacciona haciendo de sus señas de identidad banderas y hasta armas arrojadizas.
Pero no nos engañemos, ayer en la misa, la oración del Kyrie Eleison metía el dedo en la llaga: “porque nos apartamos de tus mandamientos, aferrándonos a las tradiciones humanas, perdónanos Señor”
Sin ánimo de ser pesimista, los movimientos tuvieron un empuje extraordinario tras el Concilio, pero a día de hoy muchos presentan síntomas de agotamiento y desconexión con la realidad circundante. El grupo en donde yo me convertí, hace 17 años, sigue haciendo lo mismo, con la misma gente, o con los hijos de esa misma gente…y es bueno, y es una gente excepcional a la que quiero como familia mía que es…pero no llega a los de fuera.
Si el fruto de tanta vida cristiana es la España en la que vivimos hoy, tendríamos que plantearnos, entonces, qué cristianismo vivimos que ha generado una sociedad cuya catadura moral y política está en claro declive y en la que la Iglesia se ha vuelto irrelevante para la juventud de hoy.
Personalmente no me contento con pensar que los males están fuera (el mundo, la sociedad, la modernidad, la postmodernidad) y que la pérdida de relevancia es por la infidelidad de los de dentro.
La Iglesia tiene un depósito de fe verdadero, e inmutable; el problema no puede ser la doctrina, ni conformarse al mundo y a sus esquemas.
La Iglesia tiene un patrimonio humano formidable, de pecadores y santos, que se entregan, que oran y sirven a los demás, por encima de etiquetas de progres y carcas; el problema no puede ser sólo la fidelidad y la obediencia.
Dejo la cuestión abierta, esperando de los lectores sus aportaciones al análisis del problema.
jueves, 3 de septiembre de 2009
3 DE SEPTIEMBRE: MEMORIA OBLIGATORIA DE SAN GREGORIO MAGNO, PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA

SEGUNDO TEXTO DEL OFICIO DE LECTURA DEL SANTO
San Gregorio Magno
homilías sobre el libro del profeta Ezequiel
Hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel. Fijémonos cómo el Señor compara sus predicadores a un atalaya. El atalaya está siempre en un lugar alto para ver desde lejos todo lo que se acerca. Y todo aquel que es puesto como atalaya del pueblo de Dios debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de preverlo todo y ayudar así a los que tiene bajo su custodia.
Estas palabras que os dirijo resultan muy duras para mí, ya que con ellas me ataco a mí mismo, puesto que ni mis palabras ni mi conducta están a la altura de mi misión.
Me confieso culpable, reconozco mi tibieza y mi negligencia. Quizá esta confesión de mi culpabilidad me alcance el perdón del Juez piadoso. Porque, cuando estaba en el monasterio, podía guardar mi lengua de conversaciones ociosas y estar dedicado casi continuamente a la oración. Pero desde que he cargado sobre mis hombros la responsabilidad pastoral, me es imposible guardar el recogimiento que yo querría, solicitado como estoy por tantos asuntos.
Me veo, en efecto, obligado a dirimir las causas, ora de las diversas Iglesias, ora de los monasterios, y a juzgar con frecuencia de la vida y actuación de los individuos en particular; otras veces tengo que ocuparme de asuntos de orden civil, otras, de lamentarme de los estragos causados por las tropas de los bárbaros y de temer por causa de los lobos que acechan al rebaño que me ha sido confiado. Otras veces debo preocuparme de que no falte la ayuda necesaria a los que viven sometidos a una disciplina regular, a veces tengo que soportar con paciencia a algunos que usan de la violencia, otras, en atención a la misma caridad que les debo, he de salirles al encuentro.
Estando mi espíritu disperso y desgarrado con tan diversas preocupaciones, ¿cómo voy a poder reconcentrarme para dedicarme por entero a la predicación y al ministerio de la palabra? Además, muchas veces, obligado por las circunstancias, tengo que tratar con las personas del mundo, lo que hace que alguna vez se relaje la disciplina impuesta a mi lengua. Porque, si mantengo en esta materia una disciplina rigurosa, sé que ello me aparta de los más débiles, y así nunca podré atraerlos adonde yo quiero. Y esto hace que, con frecuencia, escuche pacientemente sus palabras, aunque sean ociosas. Pero, como yo también soy débil, poco a poco me voy sintiendo atraído por aquellas palabras ociosas, y empiezo a hablar con gusto de aquello que había empezado a escuchar con paciencia, y resulta que me encuentro a gusto postrado allí mismo donde antes sentía repugnancia de caer.
¿Qué soy yo, por tanto, o qué clase de atalaya soy, que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de la montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de mi debilidad? Pero el Creador y Redentor del género humano es bastante poderoso para darme a mí, indigno, la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me perdono.
ORACIÓN
Oh Dios, que cuidas a tu pueblo con misericordia y lo gobiernas con amor, concede el don de sabiduría, por intercesión del papa san Gregorio Magno, a quienes confiaste la misión del gobierno de tu Iglesia, para que el progreso de los fieles sea el gozo eterno de sus pastores. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
SACERDOTE DE LA ARCHIDIÓCESIS DE VALLADOLID VISITA ARES
Este fin de semana ha estado con nosotros el sacerdote de la archidiócesis de Valladolid D. Fernando García Álvaro que ha venido a visitar a Celestino Fernández, seminarista de nuestra Archidiócesis, natural de Ares. Este sacerdote diocesano acaba de terminar estudios en Roma y el próximo domingo tomará posesión de la parroquia de El Pilar de la ciudad de Valladolid. Desde aquí le damos la enhorabuena. A continuación vemos las fotos de la misa que celebró en Ares el sábado pasado a la tarde. (Fotos María Eugenia).



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