lunes, 7 de marzo de 2011

7 DE MARZO: MEMORIA OBLIGATORIA DE LAS SANTAS PERPETUA Y FELICIDAD, MÁRTIRES


SEGUNDO TEXTO DEL OFICIO DE LECTURA DE LA MEMORIA

De la Historia del martirio de los santos mártires cartagineses


(Caps. 18. 20-21, edición van Beek, Nigema 1936, pp 42. 46-52)
Brilló por fin el día de la victoria de los mártires y marchaban de la cárcel al anfiteatro, como si fueran al cielo, con el rostro resplandeciente de alegría, y sobrecogidos no por el temor, sino por el gozo.
La primera en ser lanzada en alto fue Perpetua y cayó de espaldas. Se levantó, y como viera a Felicidad tendida en el suelo, se acercó, le dio la mano y la levantó. Ambas juntas se mantuvieron de pie y, doblegada la crueldad del pueblo, fueron llevadas a la puerta llamada Sanavivaria. Allí Perpetua fue recibida por un tal Rústico, que por entonces era catecúmeno, y que la acompañaba. Ella, como si despertara de un sueño (tan fuera de sí había estado su espíritu), comenzó a mirar alrededor suyo y, asombrando a todos dijo:
«¿Cuándo nos arrojarán esa vaca, no sé cual?»
Como le dijeran que ya se la habían arrojado, no quiso creerlo hasta que comprobó en su cuerpo y en su vestido las marcas de la embestida. Después, haciendo venir a su hermano, también catecúmeno, dijo:
«Permaneced firmes en la fe, amaos los unos a los otros y no os escandalicéis de nuestros padecimientos.»
Del mismo modo Saturo, junto a la otra puerta, exhortaba al soldado Pudente, diciéndole:
«En resumen, como presentía y predije, hasta ahora no he sentido ninguna de las bestias. Ahora créeme de todo corazón: cuando salga de nuevo, seré abatido por una única dentellada de leopardo.»
Cuando el espectáculo se acercaba a su fin, fue arrojado un leopardo y de una dentellada quedó tan cubierto de sangre, que el pueblo, cuando el leopardo intentaba morderle de nuevo, como dando testimonio de aquel segundo bautismo, gritaba:
«Salvo, el que está lavado; salvo, el que está lavado.»
Y ciertamente estaba salvado por haber sido lavado de esta forma.
Entonces Saturo dijo al soldado Pudente:
«Adiós, y acuérdate de la fe y de mí; que estos padecimientos no te turben, sino que te confirmen.»
Luego le pidió un anillo que llevaba al dedo y, empapándolo en su sangre, se lo entregó como si fuera su herencia, dejándoselo como prenda y recuerdo de su sangre. Después, exánime, cayó en tierra, donde se encontraban todos los demás que iban a ser degollados en el lugar acostumbrado.
Pero el pueblo exigió que fueran llevados al centro del anfiteatro para ayudar, con sus ojos homicidas, a la espada que iba a atravesar sus cuerpos. Ellos se levantaron y se colocaron allí donde el pueblo quería, y se besaron unos a otros para sellar el martirio con el rito solemne de la paz.
Todos, inmóviles y en silencio, recibieron el golpe de la espada; especialmente Saturo, que había subido el primero, pues ayudaba a Perpetua, fue el primero en entregar su espíritu.
Perpetua dio un salto al recibir el golpe de la espalda entre los huesos, sin duda para que sufriera algún dolor. Y ella misma trajo la mano titubeante del gladiador inexperto hasta su misma garganta. Quizás una mujer de este temple, que era temida por el mismo espíritu inmundo, no hubiera podido ser muerta de otra forma, si ella misma no lo hubiese querido.
¡Oh valerosos y felices mártires! ¡Oh, vosotros, que de verdad habéis sido llamados y elegidos para gloria de nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN


Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 4 de marzo de 2011

4 DE MARZO: MEMORIA OBLIGATORIA DE SAN CASIMIRO



SEGUNDO TEXTO DEL OFICIO DE LECTURA DE LA MEMORIA
De la Vida de san Casimiro, escrita por un autor casi contemporáneo
(Cap. 2-3: Acta Sanctorum Martii 1, 347-348)

DISPUSO DE SUS TESOROS SEGÚN EL MANDATO DEL ALTÍSIMO


Una caridad casi increíble, no fingida, ciertamente, sino sincera, con la que amaba ardientemente a Dios todopoderoso, se había derramado tan abundantemente, por la acción del Espíritu Santo, en el corazón de Casimiro, y de un modo tan exuberante -y, desde su interior, se desbordaba sobre el prójimo-, que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega no sólo de sus bienes, sino de toda su persona en servicio de los pobres de Cristo, de los peregrinos, de los enfermos, de los cautivos y de los afligidos.
Para las viudas, huérfanos y oprimidos era no sólo un defensor y un protector, sino un padre, hijo y hermano.
Sería necesario escribir una larga historia, si quisiéramos enumerar aquí todas las obras con que demostró el gran amor a Dios y al prójimo de que estaba lleno su espíritu. Es prácticamente imposible describir o imaginar su amor a la justicia, su templanza, su prudencia, su fortaleza de ánimo y su constancia, precisamente en aquella edad más despreocupada, en que los hombres suelen tener, por el mismo peso de la naturaleza, una inclinación más pronunciada al mal.
No se cansaba de aconsejar a su padre la justicia en el modo de gobernar a sus súbditos. Y si alguna vez, por incuria o por humana debilidad, había alguna negligencia en el ejercicio del poder, nunca dejaba de advertírselo humildemente al rey.
Defendía y tomaba como suyas las causas de los pobres y los míseros, por lo que el pueblo lo llamaba el defensor de los pobres. Y, aunque era hijo del rey y de noble ascendencia, nunca, ni en su trato ni en sus palabras, se mostraba altivo con nadie, por humilde y poca cosa que fuera.
Prefirió siempre ser contado entre los mansos y pobres en espíritu, de quienes es el reino de los cielos, antes que entre los ilustres y poderosos de este mundo. No ambicionó el ejercicio máximo del poder ni lo aceptó cuando su padre se lo ofrecía, por el temor de que su alma resultara herida por el aguijón de las riquezas, a las que nuestro Señor Jesucristo llamó espinas, o de que fuera manchada por el influjho pernicioso de las cosas terrenas.
Todos sus camareros y secretarios -hombres excelentes y de toda confianza, de los cuales algunos viven todavía, y que conocieron con todo detalle su vida- aseguran y atestiguan que se conservó virgen hasta el último momento de su vida.

ORACIÓN
Señor Dios todopoderoso, a quien conocer es vivir y a quien servir es reinar, concédenos, por intercesión de san Casimniro, servirte con santidad y justicia todos los días de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 3 de marzo de 2011

¿QUÉ ES LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA?

Recuperamos un vídeo del año 2008 donde se nos explica qué es la Conferencia Episcopal Española. En esta época era D. Ricardo Blazquez su presidente.

miércoles, 2 de marzo de 2011

CARGOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA PARA EL TRIENIO 2011-2014



Presidente de la Conferencia Episcopal Española: Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid


Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española: Se trata del Arzobispo Castrense, Mons. D. Juan del Río Martín; el Arzobispo de Sevilla, Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina; el Arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. D. Julián Barrio Barrio y el Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Mons. D. Francisco Pérez González. 
Otros cargos de la CEE 
Presidentes de Subcomisiones Episcopales
Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos
Consejo de Economía